Beatriz e Ignacio junto a la costa durante un viaje. Tomando fotografías y anotaciones.
Cuando empezamos a pensar en Antesala, creíamos que estábamos construyendo una editorial (que ya nos parecía bastante). Había que decidir qué queríamos publicar, qué aspecto tendrían los libros, cómo sería la web, qué tono tendría nuestra comunicación y qué lugar queríamos ocupar en un sector que, visto desde fuera, impresiona.
Pero, poco a poco, la idea empezó a crecer. Porque un libro nunca es solo un libro. Un libro nace antes de tener páginas. Una experiencia durante un viaje o una conversación pueden originar una gran historia. El resultado es que esa historia se plasma siempre en una imagen, una portada, un booktrailer, una fotografía. Y entonces entendimos que Antesala no podía reducirse únicamente a publicar libros. Queríamos hablar de literatura, por supuesto, pero también de todo aquello que puede ayudar a comprenderla mejor. Del Derecho cuando se cruza con la creación. De los lugares en los que nacen las historias. De fotografía. De viajes. De historia. De autores. Del proceso de escribir y del de publicar.
Nos interesa lo que ocurre antes de que un libro exista, pero también lo que sucede después. Ese momento en el que una historia deja de pertenecer únicamente a quien la escribió y empieza a regalarse a otras personas.
Cada lector acepta la invitación y se sumerge en aquellas líneas, interpretando lo que lee desde su propia experiencia, reconociendo un lugar que se cita o una emoción que ha sentido. Y, cuando una historia te conmueve, te permite viajar en el tiempo o incluso te da un respiro de la vida diaria y de las preocupaciones que todos tenemos, te apetece compartir esa experiencia con otras personas. Antesala pretende crear ese espacio real en el que personas que comparten determinadas inquietudes puedan encontrarse.
Se abre un mundo inmenso que no está habitado solo por páginas, sino por imágenes, conversaciones y encuentros.
Quizá eso sea también lo bonito de empezar. Antesala todavía tiene mucho que construir, pero cada vez tenemos más claro que no queremos que un libro termine cuando llega a una estantería. Queremos que sea precisamente ahí donde empiecen otras cosas.
Porque a veces una historia conduce a otra.
Y, alrededor de los libros, siempre acaba creciendo algo.



