Si hoy nos sentáramos a tomar un café y me preguntaras cómo va Antesala, probablemente no sabría por dónde empezar. Porque estos días tenemos la sensación de estar construyendo muchas cosas a la vez. Algunas son visibles: la web, el blog, las fotografías, la oficina que poco a poco empieza a parecerse al lugar que imaginamos. Otras no se ven tanto: formularios, decisiones, correos, dudas, presupuestos, pruebas, cambios de opinión y esa larga lista de pequeños asuntos que nadie imagina cuando piensa en iniciar un proyecto.
Después de más de veinte años en los pasillos de los juzgados, empezar de cero no parecía algo probable y, de repente, lo que empezó siendo una afición, se ha convertido en un objetivo.
Antesala nació como respuesta a una sensación de frustración que compartía con otros escritores a los que, poco a poco, he ido conociendo. Robas horas a los días, al descanso, y escribes cómo y dónde puedes. Páginas improvisadas en el andén del metro de Madrid o en las salas de espera de las comisarías de policía a altas horas de la madrugada, durante las guardias del Turno de Oficio Penal. Te esfuerzas, te ilusionas…y esas líneas no llegan a ninguna parte. Mueren en tus manos antes de que nadie las lea. Y la desilusión sustituye a esa determinación que guió tu mano, aparcando indefinidamente tus planes. Y llegó un momento en que decidimos que no podía seguir siendo así. Por este motivo, nuestro principal objetivo ha sido ese: cuidar a esos escritores que empiezan en este oficio a pesar de los sinsabores; esos a los que nadie ve, pero cuya voz nos ha conquistado con las primeras líneas.
Queríamos publicar buenos libros, pero también crear alrededor de ellos un espacio en el que literatura, fotografía, Derecho y conversación pudieran encontrarse.
Pero una editorial empieza mucho antes de que un libro llegue a una librería. Empieza cuando tienes que decidir qué clase de libros quieres publicar y cuáles no. Cuando buscas un nombre que te represente e inventas un logo que irá impreso en cada volumen. Cuando eliges un papel, una tipografía o una fotografía. Cuando te peleas con las plataformas que no conoces para abrir una web, un canal de vídeo o uno para crear una newsletter. Ser abogados nos ha ayudado a realizar otros trámites, como crear una empresa, presentar impuestos, registrar el nombre, la marca…tareas con las cuales ya convivíamos desde hacía años.
Crear una editorial pequeña, en mitad de un mundo tan enorme, es eso: tomar mil decisiones sin estar nunca del todo segura de que sean las correctas. Te sientas en la oficina, rodeada de cajas que hacen las veces de improvisadas estanterías, y trabajas. Vas dando forma a este pequeño mundo, compartiendo con amigos y familia cada paso, recibiendo agradecida cada palabra de ánimo, recogiendo el aliento de todos los que han visto germinar esa idea y te han acompañado en el camino. Y cada vez es más real.
Poco a poco empiezas a creer que es posible seguir adelante con este proyecto. Que es posible crear alrededor de los libros algo que dure más que el momento de su lanzamiento. Poco a poco, empiezas a reconocer ese lugar que, hasta hace muy poco, únicamente vivía en tu cabeza.
Y eso es exactamente lo que nos está pasando con Antesala. Todavía estamos construyéndola, pero cada vez se parece un poco más a aquello que imaginamos cuando decidimos abrir aquella puerta.




Efectivamente hay mucho trabajo, pero cuando lo que haces te gusta todo es mucho más placentero.
Las grandes metas se consiguen de forma gradual, mediante la suma de pequeños esfuerzos, paciencia y constancia diaria.
La acumulación de pequeños logros construye los proyectos importantes.